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Inteligencia emocional. Cómo enseñar a regular las emociones de los más pequeños



En la última entrada de nuestro blog os hablamos de la inteligencia emocional y os propusimos estrategias que pueden utilizar los padres y madres para su desarrollo de cara a favorecer la educación de los niños y niñas.


La inteligencia emocional es una habilidad que podemos entrenar y trabajar así que hoy responderemos a la siguiente pregunta, ¿qué pueden hacer los padres y madres para favorecer y mejorar la inteligencia emocional de sus hijos/as?


Enseñarles a percibir y comprender sus propias emociones y las de los demás

Hacerles conscientes de sus sentimientos y ampliar su vocabulario emocional, enseñarles a poner nombre a sus emociones y dar significado a lo que les pasa. Los adultos pueden aprovechar cuando hablan de algo que les ha sucedido durante el día para, además de exponer los hechos, expresar sus sentimientos. Se trata de normalizar la utilización de vocabulario emocional y, al mismo tiempo ampliarlo para que los hijos los tomen como modelos.


También podemos ayudarles a reflexionar sobre lo que les pasa con preguntas como:


¿Qué has sentido cuando te ha pasado?

¿Por qué te has sentido así?

¿Por qué es importante para ti?

¿Cómo crees que se ha sentido tu amigo/a?


Es importante enseñar a los niños que toda emoción tiene su funcionalidad. No se trata de reprimirlas, sino de aceptarlas y aprender a expresarlas, ya que es el comportamiento ligado a algunas emociones lo que puede causar problemas, no la emoción en sí misma


Enseñarles que las emociones se pueden vivir en con diferente intensidad

Conceptualizar y eliminar el aspecto dicotómico de las emociones. Enseñarles que existen pasos previos a las reacciones emocionales de gran intensidad, por ejemplo, que entre “contento” y “furioso”, hay otras intensidades, como “molesto” o “enfadado”, y ayudarles a abordar la situación en función de ellas para favorecer su capacidad de autocontrol.


Podemos enseñarles a identificar problemas y a hacer un buen análisis para que las situaciones que les puedan generar reacciones emocionales intensas no se les vayan de las manos. Ante un problema, puede ayudarles responderse preguntas como:


¿Qué ha pasado?

¿Cuál es el problema?

¿Qué puedo hacer para solucionarlo?

Ayudarles a buscar diferentes alternativas y soluciones les beneficia por cuanto favorece un pensamiento alternativo y flexible. Actividades que pueden ayudar a desarrollar esta forma de razonar son buscar diferentes finales para un cuento, plantear todos los usos que se le ocurran de un objeto o responder a esta pregunta cuando se encuentren con un problema que les genere malestar “¿de cuantas maneras puedo resolver esto?”

En conclusión, para favorecer la inteligencia emocional de los hijos es clave que los padres se acostumbren a preguntarles y a escucharlos. Conviene evitar expresiones del tipo “como lloras, pareces un bebé”, “como gritas no te voy a hacer caso”, y sustituirlas por “¿por qué lloras?” o “¿por qué estás gritando?”. Estas preguntas les ayudarán a reconocer sus emociones, y a hacerles más conscientes de sus reacciones. Después ya se les puede ayudar a poner palabras a lo que les pasa y a buscar soluciones para que se sientan mejor.

Escuchar y respetar lo que los niños sienten es básico para mejorar su inteligencia emocional. No sólo debemos favorecer que expresen sus emociones, positivas o negativas, sino también facilitarles que aprendan a conocerlas e identificarlas para que sean capaces de gestionarlas de forma adecuada.

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