Ayudando al desarrollo infantil: el juego.

El juego es una actividad natural de cualquier niño, y a través de él, además de experimentar con nuevas experiencias y conceptos, también se fomenta el lenguaje y la comunicación con los demás.


Es muy probable que alguna vez hayamos oído que “el cerebro si no se usa se oxida”. La idea que subyace a esta afirmación es que el cerebro es plástico, esto es, que su estructura y funcionamiento pueden modificarse, lo que hace que aumenten el número de conexiones entre las neuronas.


La plasticidad cerebral es especialmente importante en la infancia, ya que durante esta etapa de la vida es más fácil aumentar el número de conexiones neuronales que en la adultez. Pero ¿cómo podemos conseguir que el cerebro del niño se desarrolle de la mejor manera posible?


Estimulándole, poniéndole en situaciones que le obliguen a utilizar la mente, a procesar información, a atender, a memorizar y resolver problemas. En este proceso, la cantidad y la calidad de estímulos que recibe el niño tanto del contexto en el que vive como de las personas que le cuidan es muy importante, y el mejor recurso que pueden utilizar los padres es el juego.


Es importante destacar que a veces para los niños los mejores juguetes no son los que se compran en una tienda. Objetos cotidianos como cajas, papel de envolver, cacerolas, botellas… pueden convertirse en juguetes y ser fuente de estimulación para los niños.


¿Qué tipos de juego pueden utilizarse para estimular el desarrollo cognitivo y social de los más pequeños?


Juegos funcionales o de ejercicio

Son los primeros que realiza el niño. En ellos se repite una y otra vez una acción por el placer de obtener un resultado a corto plazo. Estos juegos pueden ofrecer al/la niño/a experiencias auditivas, visuales, táctiles, olfativas, gustativas, de movimiento o de manipulación. Se pueden realizar juegos de ejercicio con el propio cuerpo (arrastrarse, gatear, caminar, etc.), manipulando objetos (morder, lanzar, agitar, etc.) y también con personas (sonreír, tocar, esconderse).


A través de este tipo de juegos se favorece el desarrollo sensorial y la coordinación de movimientos. También se ayuda al niño a comprender el mundo que le rodea (las relaciones causa-efecto, la permanencia de los objetos, etc.) y se favorece la comunicación y la interacción social.



Juegos simbólicos

Aparece entre los 18 meses y los 2 años. El niño le da toda clase de significados a los objetos con los que interacciona: simula situaciones imaginarias, e interpreta escenas por medio de roles y de personajes tanto ficticios como reales. Es el juego de “hacer como si…”, de la imitación de los adultos, y de lo que ve en el medio en el que se desarrolla. Por ejemplo: jugar a las muñecas, a papás y mamás, a médicos, tiendas, coches…


Mediante este tipo de juegos los niños asimilan el mundo en el que viven, y favorecen su imaginación y creatividad. También desarrollan el lenguaje, ya que suelen hablar mientras juegan tanto si están solos como acompañados.



Juegos de reglas

Aparece sobre los 6 o 7 años. Son los juegos en los que existen una serie de normas que los jugadores deben conocer y respetar para conseguir un objetivo. Entre ellos se encuentran los juegos de mesa, los deportes, los juegos de rol, de estrategia, etc.


A través de estos juegos se favorece el aprendizaje de las normas sociales. Los niños aprenden a ganar y perder, a respetar turnos y tener en cuenta la opinión de los demás. También se estimula el desarrollo del lenguaje, la reflexión, la memoria… así como otras habilidades dependiendo del tipo de juego.



Juegos de construcción

Se dan paralelamente a los otros tipos de juegos ya señalados. Son aquellos que incluyen piezas para encajar, apilar, coser, juntar, etc. Se dan cuando el niño se fija una meta (la construcción) y con una serie de movimientos o acciones coordinadas, la consigue. Por ejemplo: rompecabezas, legos, cubos de construcción, etc.


Con estos juegos se potencia la creatividad y se desarrolla la coordinación óculo-manual. Se trabaja la motricidad fina (coger, levantar con cuidado, etc.) y se favorece la creatividad, la capacidad de atención, concentración y el razonamiento espacial (arriba-abajo, dentro-fuera).


El juego es una herramienta clave para el adecuado desarrollo de los niños. A través de él experimentan, aprenden, liberan tensiones, desarrollan su imaginación y aprenden a resolver conflictos. Para los niños jugar es mucho más que entretenerse, les ayuda a crecer y a entender el mundo que les rodea.







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