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¿Qué es eso llamado asertividad?



Los seres humanos somos sociales por naturaleza y como tales, las relaciones satisfactorias que mantenemos con los demás son una de nuestras principales fuentes de bienestar. En este contexto tienen un papel muy importante nuestras habilidades sociales, que se definen como una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que nos ayudan a mantener relaciones interpersonales que nos satisfagan, y a procurar que los demás respeten nuestros derechos y no nos impidan lograr nuestros objetivos (Roca, 2007).


Son pautas de funcionamiento que nos ayudan a relacionarnos con los demás consiguiendo el mayor número de beneficios posible y el mínimo de consecuencias negativas. Se trata de conseguir los objetivos propios, teniendo en cuenta las necesidades de los demás, y buscar alternativas de consenso cundo unos y otros entran en conflicto.


Tener unas adecuadas habilidades sociales, incluye también ser asertivo, ya que la asertividad forma parte de éstas, pero ¿tenemos claro a qué se refiere eso de ser asertivo? La asertividad es la capacidad de autoafirmación personal, de ser capaces de decir qué es lo que queremos, lo que pensamos o sentimos de una forma adecuada, sin imponer nuestro criterio, y respetando el de los demás.


Galassi (1977) cree que la asertividad incluye 3 áreas principales:


  • La autoafirmación, que consiste en defender los propios derechos, hacer peticiones y expresar opiniones.

  • La expresión de sentimientos positivos, cómo hacer y recibir elogios y expresar lo que nos gusta.

  • La expresión de sentimientos negativos, lo que incluye expresar lo que no nos gusta de una manera adecuada y justificada.


Ser asertivo supone ser capaz de defender los propios derechos respetando los de los demás, pero ¿cuáles son nuestros derechos asertivos? Los autores Ramos y Olivares (2000) proponen el siguiente decálogo:


  1. Tenemos derecho a ser los protagonistas de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos, pero también somos responsables de sus consecuencias. Nadie es quien para decirte lo que tienes que hacer, pero tú tampoco lo eres para decírselo a los demás. Se trata de pedir, no de exigir.

  2. Tenemos derecho a no dar explicaciones sobre lo que hacemos si no queremos. Puedes decir “no” sin sentirte mal.

  3. Tenemos derecho a decidir si queremos solucionar los problemas de los demás o no. Aunque siempre sea recomendable dar ayuda, lo haremos cuando y porque nos apetezca, no porque tengamos obligación.

  4. Tenemos derecho a cambiar de opinión. “Antes pensaba así, pero ahora ya no”

  5. Tenemos derecho a cometer errores y ser responsables de ellos. Se trata de asumir los errores, y aprender de ellos para no volver a repetirlos.

  6. Tenemos derecho a decir “no lo sé”. Por ejemplo: “disculpa, pero no sé de qué me estás hablando”.

  7. Tenemos derecho a no aceptar siempre la ayuda que nos ofrezcan los demás. Podemos decir: “Gracias por tu amabilidad, pero cuando necesite tu ayuda te avisaré

  8. Tenemos derecho a tomar decisiones que no sean del todo lógicas. Por ejemplo: “sé que llegaría más rápido si cojo el bus, pero hoy me apetece caminar”.

  9. Tenemos derecho a decir “no lo entiendo”. Podemos defender nuestro derecho así: “Perdona, pero no me estoy enterando de lo que me cuentas, ¿me lo podrías explicar de otra forma? Gracias”.

  10. Tenemos derecho a decir “no me importa”. Por ejemplo: “Mira, la verdad es que no me interesa lo que me estás contando, pero podríamos hablar de….”.

Saber desenvolverse bien socialmente implica ser capaz de percibir la situación interpersonal de una manera adecuada, y adaptar nuestro comportamiento teniendo en cuenta las necesidades propias y ajenas.

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