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Los peques de casa tienen miedo, ¿qué podemos hacer?


Desde que nos cambiamos de casa, Juan no quiere dormir solo, dice que tiene miedo…. María se niega a ir sola al lavabo, tiene miedo…. No quiere que se le acerquen los perros, les tiene miedo….


Uno de los temas que más preocupa a los padres es qué hacer en aquellas situaciones o etapas de la vida de sus hijos en las que experimentan miedo.


Tenemos tendencia a entender el miedo como algo negativo, pero realmente el miedo es una emoción que tiene un importante valor adaptativo para el ser humano. Nos ayuda a ponernos alerta ante situaciones que pueden ser peligrosas y también a prepararnos para afrontar momentos complicados.


Los miedos infantiles son muy frecuentes, según diferentes estudios realizados sobre el tema entre el 30 y el 50% de la población infantil presenta uno o más miedos intensos. En normal que los niños tengan algunos miedos, el problema surge cuando esos miedos no se superan con el paso del tiempo y aparecen otros nuevos que se añaden a los anteriores, lo que puede terminar afectando al desarrollo integral del niño/a. Cuando un miedo es irracional (no responde a un estímulo real o se exageran las consecuencias negativas del mismo) genera mucho sufrimiento en el niño y consecuentemente en el entorno familiar.


En general los miedos son más frecuentes en los niños que en los adolescentes y evolucionan con la edad. A medida que los niños se van haciendo mayores disminuyen los miedos físicos y aumentan los sociales.


¿Cuáles son los miedos más comunes según la edad de los niños?


  • En los primeros años de vida los miedos se relacionan con la estimulación intensa y novedosa, como ruidos fuertes, personas desconocidas o lugares altos.

  • En la etapa de educación infantil aparecen o empeoran los miedos a animales, a la oscuridad, a las heridas, a la separación de los padres y a personas disfrazadas.

  • En los primeros años de primaria, surgen o se intensifican los miedos a seres fantásticos como brujas o monstruos, a las tormentas y a la soledad.

  • En la preadolescencia los miedos infantiles alcanzan sus máximos y empiezan a disminuir hasta la pubertad, cuando destacan el miedo a las enfermedades, a los accidentes, a las desavenencias de los padres y al ridículo.

  • En la adolescencia los miedos característicos de refieren a los cambios en la apariencia física, a la dificultad en las relaciones personales y a la pérdida de autoestima.


Con todo, es importante destacar que no todos los miedos de los niños son evolutivos, también existen miedos adquiridos a través de experiencias o situaciones vividas. Situaciones como ver una película, el comentario de un amigo, ver el telenoticias, … pueden hacer que, en un momento dado, aparezca un miedo que pensábamos el/la niño/a ya había superado.


¿Qué pueden hacer los padres o adultos de referencia cuando un/a niño/a siente miedo?

  • Mantener la calma y transmitir seguridad. Los padres son modelos de referencia para los niños, no sirve de nada pedirle al niño que se calme si no se es capaz de hacerlo uno mismo primero.

  • Evitar ridiculizar al niño y respetar su miedo. Es importante no reírse del niño ni castigarlo, se trata de centrar la atención en solucionar el problema. Escucharle, mostrarle comprensión por lo que le pasa y ofrecerle ayuda ayudará a que el niño se tranquilice y se exprese.

  • Limitar la información que puede provocar miedo y no corresponde a la edad del niño. Muchas veces los niños están expuestos a más información de la que pueden gestionar, lo que puede generarles ideas o fantasías que les provoquen miedo. Es clave controlar lo que ven y explicarles lo que están viendo para que entiendan bien la información.

  • Enseñar relajación. El control de la respiración ayuda a reducir la ansiedad que provoca el miedo y fomentar la tranquilidad. Se les puede pedir que cierren los ojos, respiren lenta y profundamente, y se imaginen en un lugar que les guste en el que se sientan tranquilos para calmarse poco a poco.

  • Utilizar bibliografía. Los cuentos son un buen recurso para trabajar los miedos infantiles. Leer historias en las que los personajes estén viviendo lo mismo ayuda a los niños a asumir que ese miedo no solo les pasa a ellos y a encontrar alternativas para superarlo.

  • Hacer uso de autoinstrucciones. Buscar frases que le gusten al niño, le ayuden a relajarse y a sentirse fuerte, y utilizarlas en el momento en el que tenga miedo, por ejemplo “soy valiente y no me da miedo”, “aunque esté oscuro sé que no hay nadie aquí”.


Los miedos infantiles poseen una naturaleza adaptativa y evolucionan con la edad. Que se conviertan en algo negativo no solo depende de lo que vivan los niños, sino también del abordaje por parte de los padres; de ahí que sea clave tratarlos desde la empatía, la calma y la comprensión.

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