¿Qué hacer cuando los hijos se encuentran con las drogas?



"Por saber lo que es”, “porque todos lo hacen”, “por probar cosas nuevas”, estas son algunas de las razones que refieren los adolescentes para justificar su inicio en el consumo de drogas y alcohol, y probablemente también algunas de las frases que los padres tienen más probabilidades de escuchar este verano, la época del año en la que según la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) existe más riesgo de consumo de este tipo de sustancias.


Muchas veces el consumo de sustancias supone para los adolescentes un elemento de integración, una forma de favorecer el sentimiento de pertenencia al grupo, llegando incluso a provocarles conflictos sociales cuando uno decide no consumir cuando los demás lo hacen.


La adolescencia es un momento de experimentación, de descubrimiento y búsqueda de la propia identidad dentro del grupo, de ahí que por mucho que desde casa se haya hablado del tema y exista un clima de confianza y diálogo, la realidad es que no siempre se puede evitar que los hijos prueben algún tipo de drogas. Con todo, el papel de las familias es muy importante a la hora de enseñar a los hijos a mantenerse firmes para decir no a las drogas.


¿Qué pueden hacer los padres si descubren que un hijo/hija adolescente está consumiendo drogas?

  • Buscar el momento adecuado para hablar. Es normal que los padres sientan enfado y rabia cuando se enteran. Lo recomendable es no abordar el tema en esos momentos de alteración, sino esperar a estar calmado para propiciar un clima de diálogo.

  • Transmitir una actitud comprensiva y de ayuda. Es importante que los adolescentes sientan apoyo, no rechazo ni juicio.

  • Conocer la situación real del problema. La idea es saber de qué tipo de consumo se trata para conocer la magnitud real del problema, no es lo mismo que se consuma los fines de semana, que para experimentar o de manera puntual.

  • Detectar qué función cumple el consumo, para conocer las razones que han llevado al adolescente a la situación en la que se encuentra.

  • Comprobar si conoce los riesgos que conlleva lo que hace tanto a corto como a largo plazo, así como detectar las falsas creencias para poder desmitificar los posibles beneficios que creen les aporta el consumo. Por ejemplo: pensar que fumando consiguen relajarse.

  • Evitar una actitud recriminatoria. Es importante preguntar, escuchar y mostrar interés por las razones que den los hijos cuando se expliquen.

  • Buscar conjuntamente conductas alternativas al consumo y habilidades personales, con las que puedan conseguir los mismos objetivos que piensan han cubierto con el consumo de sustancias.

  • Expresar desaprobación con firmeza. Es importante que se establezcan consecuencias coherentes con las normas familiares ante las conductas de riesgo, por ejemplo, mediante la retirada de refuerzos, como poner límite a las salidas, al dinero, etc.

  • Buscar soluciones conjuntas alcanzando acuerdos que dificulten el mantenimiento del consumo. Esto es, conseguir que aprendan a tomar decisiones saludables por sí mismos. Es poco probable que se cumplan los acuerdos si se basan únicamente en prohibiciones.

Una mala experiencia puede suponer una oportunidad de aprendizaje si se saben extraer conclusiones adecuadas. No obstante, cuando por la existencia de una mala relación entre padres e hijos no sea posible establecer un clima de diálogo y comprensión, lo recomendable es acudir a un profesional para afrontar el problema.

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