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¿Cómo influye en la familia el mal uso de las nuevas tecnologías?



A modo de reflexión debemos plantearnos esta pregunta ¿Cuántos de nosotros o de los miembros de nuestra familia se levantan por la mañana y lo primero que hacen es un recorrido por su innumerable grupo de redes sociales? Miramos Facebook, Instagram, MeWe, Whatsap o cualquiera de las aplicaciones que tenemos instaladas, no sea que mientras dormíamos nos hayamos perdido algo, y así a lo largo de todo el día, un tiempo que invertimos en relaciones cibernéticas en vez de en las que podemos tener cara a cara.


Este es un mal mayor que repercute tanto a adultos como a niños y en general a las relaciones familiares, que puede llevar a las familias a perder el vínculo o nexo que los une, la comunicación. Muchas veces dedicamos más tiempo en rasgos generales a la comunicación cibernética que a la comunicación familiar. Si bien las nuevas tecnologías son una herramienta muy útil para el acceso a la información, un mal uso de éstas es nocivo tanto para adultos como para jóvenes, creando personas más vulnerables, creyéndonos que las relaciones virtuales tienen tanta importancia como una conversación cara a cara. La OMS (Organización Mundial de la Salud) calcula que en España una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta vinculados a las nuevas tecnologías (TIC), y que entre un 6 y un 9% de la población puede haber desarrollado algún comportamiento adictivo. Como podemos observar nos encontramos ante una población que si no ponemos límites está enfermando por el uso de las TIC. Este hecho lo encontramos tanto en adolescentes como en adultos por lo que nos centraremos en ambos para determinar las causas de la adicción y las posibles soluciones o alternativas:


¿Qué nos hace adictos a las TIC?


  • Permite a las personas crear un mundo de fantasía para escapar de la rutina de su vida cotidiana, mostrando una imagen no real de uno mismo y aparentando lo que se quiere ser, síntoma de una baja autoestima.

  • Cuando existe una falta de seguridad en uno mismo y se está mal emocionalmente se puede buscar la seguridad que a uno le falta en las nuevas tecnologías.

  • A nivel familiar, son muchos los padres que dejan la televisión, las consolas o el móvil como cuidadores del menor. Se trata de una práctica que puede generar problemas, y que requiere supervisión en lo que se refiere a tiempo y a contenidos.

  • La falta de relaciones sociales, por ejemplo, puede llevar a que la persona se encuentre sola y busque en el mundo virtual el soporte afectivo del que carece.


¿Qué síntomas nos pueden alertar de que nuestro hijo/a está enganchado a las redes sociales y qué podemos hacer?


  • El menor se aísla de la familia pues sólo piensa en conectarse a internet. Para abordar este aspecto lo idóneo es poner los aparatos que se pueden conectar a internet en zonas comunes, de forma que sabremos en todo momento lo que está haciendo nuestro hijo/a.

  • El menor deja las actividades placenteras que antes le agradaban a un segundo plano por conectarse a internet, cambia sus rutinas. Para abordar esto debemos animar a los niños a hacer actividades de ocio antes de estar con el móvil, la tablet o el PC, explicando la importancia de las relaciones con los otros y del ocio fuera de las TIC.

  • El carácter del menor cambia, está irritable o sufre cambios bruscos de humor mostrándose distante ante el grupo y disminuyendo su interés por los eventos sociales. En este punto los padres deben ser coprotagonistas del cambio haciendo ver al menor que algo no funciona bien, así como que la comunicación personal mejora las relaciones sociales y la salud de los miembros de la familia.

  • El menor sufre ansiedad si no tiene su móvil o no puede conectarse a internet viviéndolo como una tragedia, siendo el eje de su vida y disminuyendo el rendimiento escolar. En estos puntos los padres deberían plantearse el uso restringido de internet en casa, poniendo horarios y limitaciones estrictas para disminuir el estado ansioso del menor, así como buscar ayuda psicológica.

“Es tarea de todos y cada uno de los miembros de la familia, y sobre todo de los padres, no llenar con las tecnologías los vacíos individuales. Fomentemos la comunicación, el afecto familiar y las actividades conjuntas para llenar esos vacíos”

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