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Cómo favorecer la autoestima de los más pequeños



La palabra autoestima es un término que suele utilizarse con frecuencia, pero para entender lo que es, primero necesitaremos definir lo que es el autoconcepto. Describimos el autoconcepto como la representación mental que cada uno tiene de sí mismo, y que hace referencia a cómo nos ven a nivel físico, personal y social. Esta representación mental o descripción, se construye a partir de la imagen que la persona percibe de sí misma en los diferentes contextos en los que se desenvuelve (colegio, familia, amigos, etc.).


Cuando el/la niño/a compara esta imagen que ha ido creando de sí mismo con la imagen ideal de la persona que le gustaría ser es cuando decimos que empieza a formarse la autoestima. Por ejemplo, un niño puede pensar que sabe pintar como la mayoría de niños de su edad (autoconcepto), y eso le entristece porque le gustaría pintar mejor que ellos (autoestima).


Si la diferencia entre la imagen que tiene el/la niño/a de sí mismo y la ideal es muy grande, hablamos de una autoestima baja; y cuando la diferencia es pequeña, la autoestima será alta.


Teniendo en cuenta esta información, como padres, ¿qué podemos hacer para mejorar la autoestima de los hijos?


  1. Aceptarlos. Cada niño tiene sus puntos fuertes y débiles, la perfección no existe. Es importante hacerles sentir únicos, y valorarlos como personas, no teniendo en cuenta únicamente sus éxitos.

  2. Reforzar lo positivo. Esto es, elogiar teniendo en cuenta las dificultades y el esfuerzo, señalando especialmente los aspectos positivos de su comportamiento.

  3. Creer en sus posibilidades. Ofrecer confianza en sus recursos. Se les pueden proponer responsabilidades bajo supervisión, empezando por pequeñas tareas en las que sabemos tendrán éxito para que cojan confianza.

  4. Ser claros en las indicaciones. Es importante que seamos claros y verbalicemos de forma concreta lo que esperamos de los hijos a la hora de realizar peticiones.

  5. Utilizar un lenguaje positivo. La idea es evitar las acusaciones, ironías o ridiculizaciones. Es recomendable sustituir el verbo “ser” por el verbo “estar”, evitar etiquetas. Por ejemplo, en lugar de decirle “eres un desordenado” podemos decir “tu habitación está desordenada, guarda los juguetes que hay en el suelo en el cajón”. De esta manera no atacamos su autoestima, sino que hablamos de comportamientos concretos inadecuados y le ofrecemos una alternativa.


Cada niño es diferente y especial, tiene sus puntos fuertes y débiles. Fomentar la autonomía, reconocer su esfuerzo y valorarlos como personas les ayudará a sentirse más satisfechos con su forma de ser y de actuar.

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