¿Cuándo se recomienda ir al psicólogo infantil?



Los niños no nacen con un manual de instrucciones bajo el brazo, de ahí que educarles no siempre sea tarea fácil. Pasan por diferentes etapas a lo largo de su desarrollo, y es normal que cuando surgen dificultades los padres se pregunten si lo que hace su hijo/a es lo que se espera para su edad o necesitan ayuda.


Antes de poner el grito en el cielo, es importante tener en cuenta que durante el desarrollo es normal que los niños pasen por lo que denominamos “periodos críticos”. Por ejemplo, sobre los 2 o 3 años, es muy frecuente que reaccionen con rabietas cuando no consiguen lo que quieren. Le cuesta tolerar la frustración y reaccionan con negativismo cuando no se satisfacen sus deseos.


Poco a poco este tipo de comportamientos se dan con menos frecuencia, y los niños van evolucionando a medida que viven nuevas experiencias en su entorno y se va desarrollando su sistema nervioso. Cada edad tiene una serie de conductas y habilidades que le son propias. Siguiendo con el ejemplo expuesto, es normal que un niño de 2 años manifieste rabietas cuando no se sale con la suya, pero deberíamos prestar atención si este tipo de conductas se dan con la misma frecuencia en un niño de 6 años.


Además de lo ya mencionado, es importante señalar que cada niño es diferente, tiene su propia forma de ser. Hay niños que son más movidos, otros más tranquilos, igual que los hay más extrovertidos o más tímidos, y ello no quiere decir que tengan un trastorno.


Teniendo en cuenta esta información, ¿cuándo es conveniente acudir a un psicólogo infantil?


Se recomienda pedir ayuda profesional, cuando los padres consideran que el comportamiento del niño no se ajusta a lo esperado según su edad y nivel de desarrollo. Por ejemplo, cuando:


  • Sufre un cambio drástico de comportamiento de repente sin aparente causa que lo justifique, pasa de estar tranquilo a estar muy inquieto, a mostrarse triste, apático, etc.

  • Manifiesta dificultades para relacionarse con sus iguales, está poco integrado, porque es muy tímido, o muy agresivo, o le gustan cosas poco frecuentes para su edad.

  • Presenta conductas que cuesta gestionar y que causan dificultades en el entorno en que se desarrolla, por ejemplo, negativismo, agresividad, necesidad de contacto excesivo.

  • Tiene problemas físicos sin causa médica, como dolores de barriga, cefaleas, vómitos, etc.

  • Manifiesta dificultades en el contexto académico, como problemas de atención o concentración, dificultades de aprendizaje, aburrimiento extremo, etc.

  • Tiene miedos o aversión extrema a estímulos inofensivos, por ejemplo, miedo a estar solo, a animales que antes aceptaba, etc.

  • La dinámica familiar se ve afectada por la conducta del niño y los padres consideren que les faltan pautas para manejar la situación.

  • Le cuesta adaptarse o presente problemas de comportamiento o labilidad emocional derivados de un cambio importante (un divorcio, cambio de residencia, muerte de un familiar, etc.)


Es importante no descartar acudir a un psicólogo infantil cuando sea necesario, ya que puede ayudar a los niños y a sus familias a gestionar problemas que si se atienden lo antes posible mejoraran, evitando también posibles repercusiones negativas en los pequeños y en su entorno.




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