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Cómo gestionar las peleas entre hermanos

“¡Yo no he sido, ha sido él/ella…!”, “¡Mira lo que ha hecho…!” Es muy probable que estas frases os suenen. Junto a los gritos, llantos, insultos e incluso algún golpe, este tipo de comentarios suele formar parte de las peleas entre hermanos. Se trata de situaciones de conflicto que en muchas ocasiones generan malestar a nivel familiar, y que no siempre son fáciles de gestionar.


Las peleas entre hermanos son comportamientos normales. Suelen surgir a partir de los 2 años, y sus características cambian a medida que los niños van creciendo, pasando de ser más físicas a más verbales a medida que crecen, y desapareciendo poco a poco en la adolescencia.


¿Por qué se pelean? Los motivos de las discusiones son diferentes dependiendo de cada familia. Algunos de los más frecuentes son los celos, la necesidad de atención de las figuras de referencia (querer ser “el protagonista”), y el sentimiento de posesión (se enfadan cuando el/la hermano/a toca sus cosas, sienten que invade su territorio y lo afrontan con la pelea).


Los conflictos entre hermanos influyen directamente en el desarrollo social y emocional de los niños. Vivir este tipo de situaciones les permite aprender a expresar


lo que sienten, a comprender al otro, a compartir, a solucionar problemas, etc. Así mismo, también les ayuda a asimilar que existen reglas en las relaciones sociales, y que éstas pueden variar dependiendo del contexto en el que se encuentren.


Con todo, como se ha señalado, estas situaciones de conflicto generan tensión y malestar a nivel familiar, y dependiendo de la frecuencia e intensidad con las que se den las peleas, también pueden resultar perjudiciales para la familia y para los propios niños.


¿Qué pueden hacer los padres?


  • Evitar las etiquetas. Cuando les decimos a los hijos que son malos, sin darnos cuenta lo que hacemos es favorecer que se comporte mal para cumplir con las expectativas que el/la niño/a cree que tenemos sobre él/ella. Ante las disputas hay que mantenerse neutral, y tratar por igual todas las partes implicadas.

  • Fomentar la empatía. Es importante ayudar a los hijos a ponerse en el lugar del otro. Por ejemplo, si un hermano empuja al otro, pregúntale al que lo ha hecho cómo se sentiría si se lo hubiesen hecho a él.

  • No comparar. Cuando comparamos a un hermano/a con otro/a indirectamente estamos diciendo que uno es mejor que otro. Esto solamente aumenta la rivalidad y los celos, los aleja.

  • Dar ejemplo. No se les puede pedir a los niños gritando que solucionen sus problemas con diálogo. La clave está en solucionar los problemas propios de la misma forma que se les pide a ellos.

  • Comunicar y escuchar. Es importante reservar momentos para hablar con los hijos, escuchar cómo se sienten con respecto a su hermano/a.

  • Fomentar actividades de cooperación entre hermanos/as. Realizar actividades en las que tengan que colaborar o trabajar en equipo les ayudará a mejorar la comunicación.

  • Dejar que resuelvan sus conflictos por sí mismos. Es normal que los hermanos tengan diferencias y conflictos, no hay que intervenir a la mínima, solamente cuando se percibe que no saben solucionar el problema o cuando lo están haciendo mal.

  • Intervenir en las peleas desde la calma cuando sea necesario. Cuando hay una pelea con gritos, golpes o insultos, hay que intervenir, pero desde la tranquilidad. Esto es, separarles y cuando estén tranquilos/as se puede hablar con ellos para que expliquen lo sucedido.

  • Reforzar la comunicación asertiva entre hermanos/as. Es clave que los padres digan explícitamente lo mucho que les gusta ver a los hermanos jugar juntos sin pelearse. Reforzar estos comportamientos con algún gesto cariñoso ayudará a que se repitan este tipo de situaciones.


Si bien generan tensión y malestar, las peleas entre hermanos son algo normal en cualquier familia. No se puede evitar que los hermanos tengan desavenencias, de hecho, tenerlas les ayuda a crecer a nivel social y emocional. Cuando la frecuencia e intensidad de esas peleas requieren de la intervención de los padres, es importante que éstos les enseñen a resolver sus problemas guiándoles y apoyándoles desde la calma y la asertividad, pues la mejor forma de educar es dando ejemplo.


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