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Autodisciplina: el camino hacia el éxito personal



¿Quién no ha intentado alguna vez bajar de peso? ¿Quién no ha intentado alguna vez dejar de fumar? ¿O establecerse una dieta sana? ¿O simplemente dejar de perder el tiempo en cosas insignificantes y ser más productivo? Y es que existe una razón de porqué todas estas acciones se quedan muchas veces en meros intentos y no conseguimos lograr nuestras objetivos.


El motivo principal de estos malogros es la pereza de nuestro cerebro, o dicho de otra forma, los hábitos. Es decir, nuestra mente busca economizar al máximo nuestras energías, cuanto menos trabaje mejor, menos gasta. Por lo tanto, si actuamos de manera constante de una cierta forma, si mantenemos un ritmo, convertiremos nuestra rutina en un hábito, convertiremos nuestro café de la mañana en un: sin mi dosis de cafeína no soy persona.


Cuando repetimos una y otra vez las mismas acciones, las automatizamos, y de esta manera nuestro cerebro se ahorra tener que pensar una y otra vez cómo, porqué, para qué, cuándo y dónde las hacemos. Realmente es toda una ventaja, es el famoso proceso de aprendizaje: ¿te has preguntado esta mañana si te ponías primero la camiseta antes del abrigo? O ¿has recordado antes de salir de casa cuál era la ruta a seguir para ir al trabajo? No, por supuesto que no, y esto es gracias al vago de nuestro cerebro.

Pero aquí viene la mala noticia, no es perfecto, no sabe distinguir entre hábitos buenos/saludables y hábitos malos/nocivos. Nuestro cerebro no sabe si el cigarrito después de comer nos conviene o no, simplemente necesita una rutina, cuantas menos decisiones tome, menos gasta, si después del trabajo lo malacostumbramos a bollería industrial, el día que quieras salir a correr te dirá: “Mañana empiezas, hoy el croissant que no falte”. Y mañana será: ·¿Sabes qué? Mejor el lunes ya si eso… y hoy pídete uno de chocolate que ya lo bajaremos.


De lo que no somos conscientes es de la gran importancia que tienen estas acciones, ya que estudios psicológicos demuestran que prácticamente un 40% de nuestros actos diarios son hábitos. Por lo tanto, es lógico pensar que el sumatorio de éstos, ya sean de alimentación, de producción, de ejercicio, etc. son el resultado de nuestra salud mental, física, emocional, e incluso de nuestra economía. Otro ejemplo, suponiendo un extremo para que quede más claro: si vamos todos los días a comer en cadenas de “comida basura”, el resultado será que baja el nivel económico y suben los del colesterol, peso, etc.


Y es que ya lo decía Aristóteles: “la excelencia no es un acto, sino un hábito” y es que sustituir o generar un nuevo hábito es bien sencillo, a través de un proceso de autodisciplina, de conocimiento de uno mismo, de cuáles son aquellas acciones que me limitan y me impiden lograr mis objetivos, e instalar nuevas acciones con las que estemos muy concienciados, que nos convenzan, que eleven nuestra autoestima y prácticamente no sea necesaria la fuerza de voluntad por implantarlo. En este momento sale de la pista nuestra zona de confort y entra en juego la autodisciplina/regla de los 21 días. Si somos capaces de mantener durante 21 días estos hábitos, el día 22 nuestro cerebro nos pedirá inconscientemente que lo hagamos.


Es bien sencillo pero no es precoz, es un proceso, es como el agricultor que quiere un cultivo de tomates y necesita regar las plantas durante 21 días, para el día 22 poder coger su fruto. Se necesita ir todos los días al campo, ritmo; apetito por los tomates, motivación; si un día no he podio regar todo lo que necesitaba no pasa nada, compasión; saber que puedo y sé cómo hacerlo, autoconfianza; y que lo hago principalmente porque quiero lo mejor para mi, autoestima.


“Las personas autodisciplinadas son realmente libres, hacen lo que verdaderamente quieren hacer, y no se me ocurre mayor acto de amor propio que ese.”

Carlos García Castillo

Estudiante de Psicología en prácticas

en Centre de Diagnòstic Tarragona




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