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Videojuegos. Pautas para un uso adecuado



Desde que aparecieron las primeras videoconsolas al mercado hasta la actualidad, la cantidad, la diversidad y la sofisticación de los videojuegos han aumentado a pasos agigantados. Hoy en día cuando hablamos de videojuegos podemos hacer referencia tanto a juegos de ordenador, como a videoconsolas o a juegos en dispositivos móviles (teléfonos, tabletas, etc.). Además, entre los tipos de juego, se puede distinguir entre los que requieren de un solo jugador y los juegos en red, en los que participan varios. Ha evolucionado tanto el tipo de juego que la idea de jugar una partida prácticamente no existe, lo que da lugar que se pueda estar jugando más rato y se alargue el tiempo dedicado a esta actividad.


Como en las demás adicciones, determinar el uso excesivo, el abuso o la adicción a los videojuegos se basa en criterios de otros trastornos adictivos, que se resumen en: dependencia, impulso por jugar, malestar por no poder hacerlo y afectación de otras áreas de la vida de la persona en cuestión. Una característica propia del abuso de los videojuegos es que los jugadores suelen establecer relaciones de apego con otros jugadores (conocidos o no), lo que hace que se sientan comprometidos hacia el resto de los miembros del grupo, y favorece una mayor implicación y el seguir conectado.


Actualmente, no existe acuerdo sobre cuándo este tipo de dificultades pueden considerarse un problema. En general se recomienda que se tenga en cuenta el grado de interferencia que jugar a videojuegos tiene en el resto de contextos o actividades del jugador. Según los expertos, algunas señales de alerta son:


  • Estar pensando continuamente en el juego y en cuándo se va a poder jugar.

  • Necesitar aumentar el tiempo que se dedica al juego para sentir satisfacción.

  • Jugar más de lo que se tenía previsto en un principio.

  • Realizar esfuerzos constantes para controlar o dejar de jugar.

  • Jugar a escondidas o mentir para poder seguir jugando.

  • Utilizar el juego como vía de escape de otras dificultades.

  • Disminución del rendimiento académico.

  • Aislamiento de la familia o amigos para poder jugar.


En este contexto tiene un papel muy importante la prevención, basada principalmente en la educación de un uso saludable de las nuevas tecnologías. Autores como Young (2009) plantean las siguientes recomendaciones para que los padres las tengan en cuenta de cara a los más pequeños de casa:


  • Poner límites en el tiempo de juego. Establecer cuánto tiempo se le puede dedicar al juego como una norma más de convivencia.

  • Programar descansos durante el juego, para ser más consciente de que hay vida más allá del juego.

  • Buscar formas alternativas de dar sensación de “poder” a los niños. Los videojuegos tienen el potencial de hacer sentir control sobre la situación y la toma de decisiones. Es posible hacer algo parecido en la vida real, por ejemplo, dejar participar a los niños en la organización de un viaje familiar, en la toma de decisiones, etc.

  • Fomentar la utilización de videojuegos educativos.

  • Recuperar el interés en los estudios.










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