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Me duele hasta el alma. La somatización



Hablamos de somatización cuando una persona presenta una serie de síntomas físicos (dolor de cabeza, dolor abdominal, vómitos, nauseas, intolerancias alimentarias, cansancio, picores, caída de cabello, menstruaciones dolorosas o molestias en el coito entre las más destacables) de forma recurrente y sin causa orgánica o cuadro de enfermedad asociados, que generan malestar y llegan a comprometer e interferir negativamente en su vida cotidiana. La aparición de estos síntomas físicos genera un importante malestar a quien los sufre, y suele asociarse al estrés, y a una mala gestión emocional de los problemas.


Son muchas las personas que se quejan de este tipo de trastorno. Acuden a la consulta del médico, del especialista, etc. y tras una gran cantidad de pruebas para ver a que van asociadas sus quejas, se observa que no existe ninguna causa física, pero el malestar que se está viviendo es real, sufren, por lo que es necesario prestarles la correspondiente atención.


Entre muchas de las formas de prevenir esta sintomatología física una de ellas es enseñar al paciente la importancia de su autocuidado. Esto es, que lleve una vida saludable, haga ejercicio si le duele la espalda o cualquier otra parte musculo-esquelética, que siga una correcta higiene del sueño si no duerme bien, que realice una dieta equilibrada que le haga disminuir sus problemas gastrointestinales. Con ello no se eliminarán los síntomas, sino que se le enseñará a convivir con ellos y a gestionarlos de una manera más saludable y responsable, para minimizar su impacto en su día a día.


La gestión del estrés también es otro aspecto importantísimo para trabajar. Si le facilitamos a la persona estrategias para cambiar los esquemas cognitivos implicados en la percepción de una situación estresante, le dotamos de estrategias de afrontamiento y enseñamos técnicas de relajación, su nivel de ansiedad general bajará y consecuentemente también su malestar físico.


La buena gestión emocional también es imprescindible para disminuir este malestar. Muchas veces las personas negamos emociones que no nos son gratas, intentando huir de ellas en vez de aprender a gestionarlas. Entre las conductas más habituales que llevamos a cabo para evitar el malestar emocional encontramos: volverse un adicto al trabajo, llenar la agenda de planes para no parar o volverse un adicto a las compras… de forma que tenemos la cabeza tan llena de cosas, que no pensamos en lo que sentimos, pero si entramos en un círculo de estrés. Sin embargo, nuestro cuerpo es inteligente y se encarga de que todas aquellas emociones no expresadas aparezcan en forma de síntoma físico en la gran mayoría de las ocasiones. Es imprescindible que exista un equilibrio entre mente-cuerpo-emoción para potenciar la salud y el bienestar personal.


“Tenemos que apagar de vez en cuando ese piloto automático que nos lleva a tener una vida frenética para escuchar lo que sentimos, y favorecer así que exista armonía entre nuestra mente y nuestro cuerpo, ya que lo que la mente esconde aparece en nuestro cuerpo”

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