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"Nos separamos" Repercusiones en uno mismo y en los hijos



La separación en España es considerada como una de las mayores plagas sociales. Se produce aproximadamente una separación cada cinco minutos, el número de rupturas de pareja bien sea por separación, divorcio, nulidad o disolución de la pareja es un número muy elevado y al parecer va In Crescendo.


Según las estadísticas del INE (2018), del total de procesos de ruptura, 102.342 casos, el 56,7% tienen hijos menores de edad o mayores de edad pero que dependen económicamente aun de los padres, aspecto importante a tener en cuenta en una ruptura ya que el progenitor no pasa él solo por el proceso, sino que los hijos suelen pasar por el proceso de separación de los padres como un agente activo sobre el cual hay repercusiones indirectas y directas.


Destacamos también que la gran mayoría de resoluciones judiciales sobre la Guardia y Custodia se da entre los tres y doce meses posteriores a la ruptura, con lo que uno o los dos progenitores puede estar pasando por alguna de las fases del duelo por la pérdida del ser querido de la pareja, dándose custodias cuando el proceso está en lleno de sentimientos negativos, rencores y conflictos que aparentemente parecen no tener solución.


¿Por qué hablamos de duelo en el adulto y cómo influye en sus hijos?


Si bien el duelo hasta hace relativamente poco iba unido a la pérdida de un ser querido por muerte, cada vez se ha ampliado más la visión de la categoría duelo incluyendo las pérdidas importantes en la vida de una persona como puede ser la pareja. Si ya es difícil transitar por el duelo de la muerte de un ser querido al cual no podemos ver más imaginémonos lo difícil que llega a ser transitar por las fases del duelo cuando tienes que interrelacionar con la otra parte de la expareja pudendo existir la angustia de que los proyectos de futuro, ilusiones e incluso la propia imagen de uno mismo como pareja puede ser substituida por otra persona , pudiendo mantenerse la fantasía que en algún momento de terminado se puede volver a estar juntos no rompiendo correctamente el vínculo de la relación y no transitando correctamente por las etapas del duelo. Esto puede ocasionar una psicopatología reactiva que si no es detectada a tiempo se puede cronificar dando lugar a algún tipo de trastorno psicológico a largo plazo. Entre la sintomatología que destacamos en los adultos estaría:


  • La culpa (hacia uno mismo o atribuida a acciones realizadas por el otro)

  • Pérdida de autoestima y transformación del autoconcepto y la autoimagen

  • Angustia i/o anhedonia

  • Falta de empatía con el otro progenitor

  • Negación de la pérdida


Toda esta sintomatología alargada en el tiempo origina separaciones conflictivas, teniendo consecuencias tanto en los adultos como en los menores. La separación, divorcio o ruptura es una situación estresante que repercute en la salud física y mental de todos los miembros de la nueva estructura familiar, y esto ocasiona que en ocasiones no se dé una correcta co-parentalidad que garantice el bienestar del menor.


En los menores, comentar que ellos mismos pueden estar pasando su propio duelo por la separación de los padres e intentando adaptarse a la nueva situación, pero a la vez se ven inmersos en una serie de conflictos propios de los adultos, se les hace protagonistas de aspectos que no les corresponde, ocasionándoles problemas en su correcto desarrollo.


Es importante detectar los cambios en la conducta de los niños/adolescentes tras una separación de pareja, ya que corren mayor riesgo de padecer trastornos.


  • A corto plazo los menores pueden presentar trastornos de conducta, bajo rendimiento escolar y abuso de sustancias.

  • A medio o largo plazo, patologías psiquiátricas y dificultades de relaciones interpersonales.


Este aspecto sería mucho más fácil de abordar si tras la fase de duelo ambos padres interaccionaran de forma positiva, cooperaran entre ellos y existiese una relación de soporte mutuo en el cuidado y educación de los hijos, implicándose en las actividades diarias de sus hijos.


Ante cualquiera de esta sintomatología mencionada tanto en padres como en niños es aconsejable pedir cita a un especialista para evitar que la situación se agrave intentando que el proceso sea lo más fácil de transitar, devolviendo la nueva situación familiar a la normalidad.


“Nos separamos de la pareja, pero no nos separamos de los hijos. De nuestra correcta adaptación a la nueva situación dependerá que le facilitemos a nuestros hijos el proceso, velando por su bienestar”






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