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Educación en valores



La diferencia no es algo que alguien elige o deja de elegir, sino que es algo que ES. Lo que debemos de hacer ante la diferencia es reconocerla, aceptarla y, más allá de eso, disfrutarla, entendiendo la diferencia como algo que enriquece al ser humano.


Así pues, como adultos, tenemos la responsabilidad de transmitir a los más pequeños, a través de la educación, una serie de valores que tengan como objetivo formarlos en modelos de convivencia y civismo, a través del respeto, la igualdad y la empatía por y hacia los demás, así como sus diferencias.


Es importante que dicha transmisión de valores no se haga con el objetivo de inculcarlos, sino que se fomente el pensamiento crítico del niño para que éste pueda tomar sus propias decisiones e incorporar en su repertorio aquellos valores con los que más se identifique, propiciando la autonomía.


Así mismo, dentro de la educación en valores también se debe incorporar la dotación a los niños y niñas de los conocimientos necesarios para entender la realidad y poder actuar sobre ella, fomentando la adopción de posiciones positivas (es decir, de participación activa y responsable) respecto a los problemas sociales que nos acompañan en el día a día.


Dicho esto, algunos de los valores más importantes a transmitir son los siguientes:


  • Igualdad: éste término se definiría como la capacidad de proporcionar un trato idéntico a cualquier individuo, independientemente de su raza, clase social, ideología, orientación sexual, diferencia de criterio, etcétera. Se trata de un valor completamente esencial para el desarrollo de la sociedad, por lo que es imprescindible educar a los más pequeños a respetar a todas aquellas personas diferentes a ellos y a luchar por los derechos humanos.


  • Promoción de la autoestima: es fundamental favorecer la aceptación de sí mismos, para así facilitarles que estén bien tanto por dentro como por fuera, recordándoles que ser diferentes no está mal, sino que es aquello que les hace especiales.


  • Empatía: enseñar a los más pequeños a interpretar adecuadamente las situaciones y a saber ponerse en el lugar del otro. De esta forma les preparamos para cuando se encuentren con la necesidad de gestionar conflictos, comprender los puntos de vista de los demás, mirar las situaciones con cierta perspectiva, etcétera.


Hay infinidad de valores que se podrían añadir a esta lista, como podrían ser la generosidad, la sinceridad, el cuidado del medio ambiente… Aunque todos estos, en mayor o menor grado, ya se encuentran incluidos en los tres anteriores.


Aun así, ¿cómo debemos transmitir estos valores a los más pequeños? Pues, fundamentalmente, ejerciendo de modelos para ellos, es decir, predicando con el ejemplo. Es importantísimo actuar como referencias positivas, pues los niños son especialmente susceptibles a ser educados a través del aprendizaje vicario.


Algunas estrategias alternativas al modelaje podrían ser el rechazo de cualquier forma de discriminación, añadiendo un pequeño debate en el que se razone por qué se rechaza dicha conducta; realizar ejercicios de toma de decisiones en los que se valore la consideración de todas las alternativas; fomentar el pensamiento crítico a través de dilemas morales; etcétera.


El fomento de una educación basada en la transmisión de valores permite el desarrollo personal de los más pequeños, así como el avance de la sociedad hacia la promoción de relaciones que tienen como objetivo formar en el civismo y los modelos de convivencia. Por ello, como ciudadanos adultos, es esencial actuar como impulsores de dichos valores en los niños y niñas a través de una enseñanza adecuada.

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